Hoy 20 de Junio finalicé las 50 millas de Mohican, mi última prueba en preparación para las 100 millas de Tahoe el 18 de Julio próximo. Este evento, que incluye en paralelo uno de 100 millas, se realiza a lo largo de la Reserva Mohican en el centro de Ohio, en un recorrido compuesto aproximadamente por 10 millas en carretera de tierra, 34 millas en trillos, y 6 millas en pavimento; casi ninguna sección flat y muchas pendientes de hasta 12%, aunque solo un total de 5,700 ft de subidas, incluyendo un par de secciones cortas donde el alpinismo es útil. Mi objetivo era emular el paso más lento que requiero tener en Tahoe para practicarlo y darme cuenta de cómo me sentiría transcurriendo la primera mitad. Me puse un objetivo no menor de 12 horas (equivalente a 24 horas en 100 millas), y terminé en 12 horas 2 minutos. No tengo los resultados finales pero iniciaron 78 corredores y yo terminé en la posición 28; muchos no terminaron la carrera por la dificultad del trillo en combinación con temperaturas de hasta 100F en la porción de pavimento. La gran mayoría de los corredores eran de Ohio; un Japonés, un par de Canadienses y yo éramos los únicos extranjeros.

"Relaxed" antes de la partida
El inicio se dio a las 5:00 a.m. con lluvia y una temperatura arriba de 60F. Después de atravesar varias millas de carretera de tierra, entramos en un largo trayecto de trillos con mucho lodo (había llovido mucho el día anterior) y cruzamos varios riachuelos; por suerte, en los 64 Km que corrí hace unas semanas en El Valle/Coclé, practiqué con mucha lluvia, lodo y riachuelos. En esta ocasión, contrario a Panamá, la menor humead del aire permitió que mis pies se secaran rápidamente. Mis “gaiters” funcionaron perfectamente, protegiendo mis zapatillas de la entrada de sucio y piedritas. Mis nuevos cordones mantuvieron mis zapatillas bien apretadas y cómodas; contrario a Panamá, donde la humedad los afloja. Después de la larga sección de lodo, la mayoría de los senderos o “single trails” fueron mas secos, y entramos en diferentes secciones de paisajes muy bonitos.

Bonito paisaje

Lodo

Típico Riachuelo
Llegando a la mitad del trayecto, conocí a dos corredores; uno había hecho 100 millas en 32 ocasiones; su nombre es John, y el estaba corriendo 100 millas hoy nuevamente!!! Corrí con John por aproximadamente 30 minutos, y luego alcanzamos a otro corredor amigo de John que también estaba corriendo las 100 millas hoy (se me olvida su nombre). Este último ha corrido 100 millas 50 veces!! Ambos tenían una edad similar a la mía, y haciendo la matemática se concluye que ambos corren 100 millas varias veces al año, y en ocasiones con un par de semanas de diferencia!!! Ambos eran profesionales. Mi mente no ha dejado de discernir lo que significa tal nivel de esfuerzo atlético y mental.

Secciones Rocosas
Me fui con mis dos nuevos amigos hasta casi la mitad de la carrera donde llegamos a dos secciones del trillo con cascadas paradisíacas. En la primera nos tocó escalar una pendiente casi vertical (Big Lyon Fall), llena de rocas mojadas, y en la segunda lo opuesto en bajada (Little Lyon Fall). Tuve mucha suerte de estar con John y su amigo, ya que me dieron tips en cuanto a la mejor manera de atravesar estas peligrosas secciones. Después de pasar las cascadas llegamos a varios lugares donde el recorrido del trillo no estaba bien marcado, y la experiencia de John y su amigo vino muy conveniente; no me puedo imaginar lo que sería atravesar esa sección de la ruta de noche, y lo común que puede ser para un corredor perderse si no tiene todos sus sentidos en forma óptima.

Subida de alta dificultad

Playa y cascada en el medio de "nowhere"
La siguiente sección estaba llena de trillos muy rocosos y llenos de raíces pronunciadas, por millas y millas. Hasta ese momento me estaba sintiendo en magníficas condiciones, pero esa sección del trillo poco a poco fue debilitándome. Correr sobre rocas y raíces toma el doble de esfuerzo que correr sobre pavimento o sobre tierra. Llegó el punto donde sentí que todas mis articulaciones, mi talón izquierdo, y mis pies en general, se estaban desarmando. Y eso que solo estaba en la milla 30. Solo imaginarme el correr 100 millas de esa forma me causaba un gran temor; simplemente no creo que pueda lograrlo. Mi única esperanza es que los trillos de Tahoe sean más suaves y con mas tierra. La situación en esta sección de trillos se empeoraba al subir la temperatura y atravesar ambientes que me parecían como estar en el medio de Panamá; maleza, vegetación golpeando el cuerpo, abejas tratando de picarme, y mucho, mucho sudor.

Hablando conmigo mismo despues de horas de no ver a nadie
Después de la sección que me recordó Panamá, el recorrido entro en un sección abierta que pronto entró en la porción de pavimento en “Highway 3”. Mi Polar marcó que la temperatura ahí se mantuvo entre 95F y 100F. A medida que mi cuerpo se adaptaba al nuevo terreno, mis pies comenzaron a relajarse y dejé de sentir los dolores que sentía en el trillo rocoso. Sin embargo, la alta temperatura produjo un dolor de cabeza que me comenzó a afectar. Este es el típico anticipo de insolación, lo cual luego puede llegar a ser fatal en combinación con grandes esfuerzos. En Panamá he tenido esa misma sensación no más de 4 veces, así que no estoy muy acostumbrado a la misma. Al llegar al Aid Station más cercano probé un Iboprufeno. No me gusta ni es mi costumbre probar medicamentos en carreras, pero sabía que los beneficios versus contraindicaciones del Iboprufeno son debatibles en la literatura de ultramaratones. Esto era faltando 10 millas para el final.
En 15 minutos el dolor de cabeza se me fue, y pude entrar en lo que llaman un “second wind”; en el camino de las últimas 10 millas pude mantener un buen paso y me pasé al menos a 10 corredores (de un total de 78!), algunos de ellos simplemente no terminaron. Uno de ellos era un americano que no se sentía bien y se le había acabado el agua; no iba a terminar. Le ofrecí el contenido de una de mis botellas. Luego me di cuenta que a mí me haría falta, y por suerte me encontré a una corredora de San Francisco que compartió parte de su gatorade conmigo. Que suerte!!!
Las últimas 6 millas las terminé bastante bien, ya que por suerte el camino era nuevamente de tierra. Nunca pensé que lograría las 12 horas; realmente pensé que terminaría como 12 y media, por lo que me sorprendió mucho ver mi reloj cronometrar 12 horas 2 minutos. Al finalizar, el organizador del evento se me acercó y hablamos un rato y a medida que hablábamos podía ver a mi alrededor a varias personas recibiendo primeros auxilios; todos afectados por el sol y el esfuerzo.

Este es el Final, aunque parece el Inicio
Me siento contento de haber terminado otra prueba de 50 millas, pero mi respeto por el trillo asciende, y en especial en terrenos rocosos. Igualmente llego a la conclusión de que, no importa el tipo de terreno, no importa cuán lento uno corra o camine, después de 50 millas consecutivas es inevitable el sentirse totalmente molido. En las 100 millas de Tahoe espero tener la fortaleza física y mental para continuar por 12 horas más.

Mis zapatillas lo dicen todo: 50 millas de lodo, agua, rocas y calor